Escapada Romántica. Liverpool no sólo son los Beatles (I)
Hace un mes aproximadamente que me fui a Inglaterra. Una escapada de cinco días que tuvo su comienzo en Liverpool. Desde ahí, bajamos a Stoke-on-Trent (la ciudad que vio nacer a Robbie Williams) cerca de Manchester y por último, pasamos dos días en Londres, para volver a subir a Stoke, más concretamente a Biddulph, un precioso pueblo inglés. Pero empecemos por el principio y vayamos por partes…
Llegamos a Liverpool desde Madrid. Volamos con Ryanair. Sobre esta compañía puedo decir que, quizá, es un poco mejor que EasyJet, sus aviones son algo más nuevos y las azafatas hablan español.
Como pegas veo que son muy estrictos con el tema del peso del equipaje, 15 kilos por maleta y persona si quieres facturar (pagando 20 euros por bulto) y 10 kilos si llevas una bolsa de equipaje de mano, y digo sólo una porque en esa bolsa deben ir metidas cámaras de video o foto, bolso de señora y cualquier otro objeto susceptible de ir colgado al hombro. Además los asientos NO son numerados, por lo que si no eres de los primeros en entrar es muy posible que te toque separado de tu acompañante.
Como decía llegamos a Liverpool. El Aeropuerto John Lennon no es muy grande. Hay un punto de información justo en el centro del vestíbulo, allí nos dieron un recibo para que pudiéramos dejar las maletas (Left luggage) por 4 pounds y hasta las 20.30.
Nuestra idea desde un primer momento era hacer algo original y romántico. Hay muchas iglesias, museos y edificios emblemáticos en Liverpool, pero no todo se puede ver en un día por lo que optamos por un largo paseo por el centro y un precioso viaje en Ferry por el Río Mersey.
He de decir que, al final, lo vimos todo, porque, sin saberlo, los puntos más importantes estaban conectados. Nos perdimos mil veces, pero eso nos ayudó a ver prácticamente todos los barrios de la ciudad… incluída la parte industrial del siglo XVIII.
Cogimos uno de los tantos autobuses que salen hacia Pradise Street, en la marquesina número 5 del aeropuerto. Nos bajamos en la parada del Hotel Campanile. Como eran cerca de las 12.30 decidimos comer en el McDonalds que hay al otro lado de la calle, para después continuar con nuestra excursión.
Una de las cosas más divertidas de Inglaterra es acostumbrarte a cruzar sin saber por dónde te van a venir los coches… en teoría vienen por la izquierda, pero entre cruces, carreteras de varios carriles, rotondas y demás, se convierte en toda una aventura llegar al otro lado de una pieza.
Bajamos hasta el Paseo Fluvial y comenzamos a andar. Me ahorraré la de veces que tuvimos que preguntar y la de veces que nos perdimos… lo que no me ahorro son las risas de turistas despitados que nos echamos… aunque yo os dé una idea bastante sencilla de lo que hay que hacer…si os perdéis…disfrutad de la compañía y del hecho de que casi nadie os entienda al hablar cuando os preguntéis dónde narices estáis.
Recorrimos todo el Paseo, dejando el Río a la izquierda y encontrando a la derecha el nuevo Centro de Convenciones y el famoso Albert Dock, un puerto en forma de cuadrado lleno de bares con terrazas donde sentarte a tomar una pint. En la cafetería de la Tate Gallery de Liverpool nos tomamos la primera y disfrutamos de las vistas y de los curiosos coche-barco: te daban una vuelta por el Río, luego sacaban las ruedas y rodaban por el asfalto…y no, lo que vimos no fue producto de las pintas por mucho que mi hermana insista.
Nos volvimos a perder y a dar mil vueltas Main Street (calle principal) para arriba, Main Street para abajo…como las ciudades inglesas no son muy grandes todo lo solucionan con mandarte a la calle principal, que allí tú ya te encontrarás.
Y nos encontramos, eso sí, debo reconocerlo, 3 horas después de lo previsto…pero la diversión, las risas y los caretos de los guiris (desde el cariño) al ver a esos dos pobres y trastornados españoles que no paraban de reirse bien merecieron la vueltecita.
Llegamos, por fin, al final del Paseo y allí se encontraba el punto de venta de los billetes para el Ferry, en la primera planta de uno de los museos de los Beatles. Intentad llegar antes de las 15.30, pues a esa hora sale el último barco con parada en la entrada del increíble submarino – lo siento, éste no es amarillo, el amarillo está en el aeropuerto – de la II Guerra Mundial…
Me quedé con las ganas de mirar por el periscopio, pero, ay amigo (o Ah, my friend!), aún quedaba mucho día por delante… �quieres saber qué nos pasó?
Foto de: Erick de Fish en Flikr.